SOBRE EL PROFETA MIQUEAS Y EL REY EZEQUÍAS

Jeremías 26:18-19

“Miqueas de Moreset profetizó en tiempo de Ezequías rey de Judá, y habló a todo el pueblo de Judá, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Sion será arada como campo, y Jerusalén vendrá a ser montones de ruinas, y el monte de la casa como cumbres de bosque”.

“¿Acaso lo mataron Ezequías rey de Judá y todo Judá? ¿No temió a Jehová, y oró en presencia de Jehová, y Jehová se arrepintió del mal que había hablado contra ellos? ¿Haremos, pues, nosotros tan gran mal contra nuestras almas?”.

Para comenzar con este ensayo quería recalcar que el profeta Miqueas fue citado por el profeta Jeremías; y este detalle en particular es inusual, y revela la importancia que tenía el profeta Miqueas en ese tiempo.

Miqueas es uno de los llamados “profetas menores”; y su nombre significa “quien como Jehová”.

Según él mismo se presenta (1:1) entendemos que profetizó durante el reinado de los reyes: Jotam, Acaz y Ezequías, y por lo tanto, fue contemporáneo de los profetas Isaías, Oseas y Amós.

Desde mi punto de vista, el tema principal del libro de Miqueas es el juicio y el perdón de Dios; y el punto clave lo encontramos en 7:18-19, donde dice: «¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia”. “El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”. Aquí se habla claramente de la misericordia de Dios y de la llegada de Jesucristo y de su obra en la tierra; dejándonos la “Palabra” y el perdón de nuestros pecados.

Para reafirmar esto, Miqueas nos deja una de las profecías más importantes del AT, en 5:2 nos indica: «Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad». Aquí el profeta menciona el lugar preciso en donde nacería Jesucristo, con 700 años de anticipación. Jesús nacería en Belén, la misma ciudad de nacimiento del rey David.

Por lo tanto, y para concluir, la enseñanza que nos deja este libro es que Dios aborrece el pecado, pero que Él ama el alma de los pecadores, y Él quiere salvarles. Nos deja la esperanza que a futuro llegará el Señor de Israel para realizar esta grandiosa obra.

En cuanto al rey Ezequías. Se piensa que no había sido un mal creyente; y que más bien era un hombre íntegro que tuvo que vivir una prueba muy dura con su enfermedad, aunque no estaba preparado emocionalmente para ella.

Ya no podría vivir lo suficiente para llegar a ver a Jesucristo; y esto se afirma en (Is 38:10-16): «En medio de mis días pasaré por las puertas del Seol; privado soy del resto de mis años»; «Ya no veré al Señor en la tierra de los vivientes. Ya no contemplaré a ningún hombre entre los habitantes del mundo. Mi morada es removida y quitada de mí, cual tienda de pastor».

El rey Ezequías se lamenta de que su vida se va a acortar y pensaba que ya no vería al Señor, aquel a quien se había dirigido con las palabras del Salmo 27:4: «Una cosa he pedido al Señor; esta buscaré: que more yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor, y para inquirir en su templo».

Posteriormente se produce la sanación de Ezequías, gracias a la acción misericordiosa de Dios; que a través de Isaías le envió al rey el siguiente mensaje: 2 Reyes 20:5 «Así ha dicho el Señor, Dios de tu padre David: He oído tu oración y he visto tus lágrimas. He aquí, te voy a sanar, al tercer día subirás a la casa del Señor. Añadiré quince años a tus días, y libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria. Defenderé esta ciudad por amor a mí mismo y por amor a mi siervo David».

Con Ezequías se produce uno de los milagros más importantes y discutidos por la ciencia: “el retroceso de la sombra”. Lo más interesante para nosotros es entender que Dios hizo algo que no podemos explicar fácilmente pero sí lo podemos creer porque su Palabra así lo enseña.

H. L. Rossier dice: «Este milagro tiene un significado profundo. Expresa que Dios puede y estará dispuesto a cambiar el orden de la naturaleza y sus leyes que hace que el pecador esté sujeto a la muerte, para que él pueda obtener la salvación de sus amados. La muerte no tiene más su curso fatal».

La sanación de Ezequías se produce en 3 días, por lo tanto, Dios podría estar indicando una señal de lo que pasaría con Jesucristo 700 años después

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