Más de 30 días contra el Covid-19 en una UCI

Capítulo 1: La entrada en la UCI

José Manuel Maceiras tiene 53 años, está casado y es informático. Fue de los que se infectaron en la primera ola, en Marzo del 2020. Primero se contagió su esposa. Él empezó a sentirse mal, pero se le pasó a los dos días. Un domingo, deciden ir a La Paz para que ella se hiciera la PCR y le revisasen. Él se tuvo que quedar fuera, cumpliendo el protocolo, pero pensó que debía entrar a acompañarla, porque estaba muy mala.

«Tenía la saturación de oxígeno bien, pero al hacer la PCR, el que dio positivo fui yo», cuenta. Se lo comunicaron al día siguiente. Justo a partir de ese día empezó a sentirse mal. Era un lunes, y el miércoles ya estaba muy grave. «No podía respirar. No podía ni ponerme de pie. Llamé al ambulatorio, que lo tengo cerca de donde vivo, en Tres Cantos. Llegaron una enfermera y un médico con oxígeno a casa. Desde allí pidieron una ambulancia para que me atendieran en La Paz».

En Urgencias ya le estaban esperando. «Tenía 82 de oxígeno. Cuando me ingresan era el 26 de Marzo. Estuve 3 o 4 días en Urgencias porque el hospital estaba repleto. Allí me hicieron los exámenes y me detectaron neumonía bilateral. Entonces subí a planta. Me vino a buscar el doctor Me dijo: ‘¿Cómo vas?’. Y le dije: “Yo me siento muy bien”. Y me contestó: ‘Yo creo que no estás bien, así que te vienes conmigo‘».

Cuando le comunicaron que tenía que entrar en la UCI, no tuvo miedo. «Me dijo que me llevaba a un sitio donde me iban a controlar, a mantener monitorizado y donde iban a atenderme mejor. Yo con oxígeno tenía una saturación de 88-89. Soy informático y entiendo que si te pueden monitorizar, estarás mejor».

Capítulo 2: Dormir… ¿para despertar?

«Llegas a la UCI y te ponen en una cama donde conectan una cantidad de aparatos. Te reciben con mucho cariño, te sientes rodeado. Estaba muy expectante porque no sabía lo que era estar en una UCI. Las cosas se van complicando y te preocupas más. Empiezas a sentir que no respiras suficientemente bien. Aunque te suban los litros de oxígeno no respiras. Los tratamientos, uno tras otro, no funcionan».

El 8 de abril, Maceiras entra en coma inducido. Sin embargo, asegura que no sintió miedo cuando le dijeron que lo iban a dormir. «Estaba intranquilo y no te sientes bien. Cuando me dicen que me tienen que dormir me sentí bien atendido, los doctores transmiten confianza y, por otro lado, soy cristiano. Pensaba que Dios me había puesto en el mejor lugar y en las mejores manos«.

Explica que después de tantas horas agobiado, «necesitas tener paz». «No quieres continuar con ese tormento sin fin que es no respirar. Piensas que te van a dormir y que te vas a recuperar, aunque mucha gente no vuelve a despertar. En ese momento, es más fuerte el deseo de tranquilidad que el miedo».

La experiencia de Maceiras en el trance de la sedación también resultó de lo más místico. «Cuando me duermen sentí al lado mío a ángeles protegiéndome. Uno a cada lado de mi cama. Tenía a Jesucristo delante. Sentado en un sofá conmigo. Yo le decía cosas. Él no decía nada, solo me miraba. Cuando desaparece tengo la sensación de que hay una luz y de que me enchufan».

Maceiras estaba boca abajo, en posición de prono, mientras dormía, y cuando lo despertaron le dieron la vuelta. Dice que en ese momento desapareció la figura de Jesús y, al abrir los ojos, empezó a escuchar en toda la sala: “Se despertó. Se despertó”. Y toda la gente comenzó a aplaudir. «Estuve dormido 7 días. Me sentí protegido».

A los pocos días de despertar, volvió el mismo problema. Maceiras vuelve a tener la inquietud de respirar mal y uno de los doctores le dice que tienen que volver a dormirle, pero ahí él ya tiene mucha confianza. «La segunda vez que me desperté me asusté al notar la traqueotomía. Después, fui mejorando poco a poco. Uno se da cuenta de si mejora según va cambiando de mascarilla. Llevaba mucho con la verde, que te ocupa todo y tiene reservorio. Pasas a una azul que solo te cubre la boca. Salir de la verde a la azul es un mundo».

Uno de los momentos que más impresionó a este informático fue cuanto se quitó la mascarilla, «a escondidas», y respiró: «Me puse a llorar. Era la primera vez en más de un mes que respiraba por mí mismo. Ahí me di cuenta que iba a salir adelante».

En una UCI tienes que ser psicológicamente muy fuerte. No hay televisión. No hay nada que hacer. Maceiras se fijaba en los equipos, en cómo funcionaban y qué tecnología tenían. También tenía al lado suyo gente muy enferma. «Veías los procesos de gente al lado. Vi intubaciones. Vi a sacerdotes dando misa. Y también vi a personas morir. Eso fue lo más duro, necesité atención psiquiátrica. Para mí era muy difícil. Ya bromeaba con el sacerdote. Cuando llegaba le decía: ‘Tú a mí no me saludes, eh'».

También recuerda el impacto al ver por primera vez sus músculos en la UCI, «ves que estás hecho una piltrafa. Piensas si volverás a andar. Tenía clarísimo que cuando saliera iba a entrenar duro».

Capítulo 3: El renacer

Para Maceiras el primer gran reto fue subirse a la ambulancia que lo llevaría de vuelta a casa. «El momento ambulancia es tremendo. Te enfrentas a que estás saliendo a la calle. Yo vine en una ambulancia acostado, con oxígeno. Cuando salí fui en una donde te toca ir sentado y tú mismo te montas. Cuando la vi, pensé si sería capaz de subirme. Lo conseguí. Llegamos a la casa y me estaba esperando toda la gente».

A partir de este momento, fueron 7 meses de rehabilitación y duro entrenamiento día a día y sin descanso.

Con el apoyo de Dios y una gran fuerza de voluntad, Maceiras trabajó duro cada día para volver a caminar y respirar por si mismo.

Después de un año y medio se encuentra totalmente recuperado y haciendo una vida normal junto a su familia. Buscando que su testimonio pueda ser de ayuda para la «Gloria de Dios» y para otras personas que hayan pasado por un trance similar y siga sin poder recuperarse.

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